Toda la vida es sueño

Publicado en por Madame Desamor

Que diría Calderón. Y los sueños, sueños son. Todos tenemos alguno. Y si no, está claro que podemos buscarlos, no sé muy bien dónde. En algún rincón de las entrañas, allá por el estómago, los tobillos, la nuca. Donde sea. No sé qué le parece a la gente elegante que vaya a leer este blog, pero me caracterizo por ser una de ésas personas absurdas que no hacen lo que quieren y le echan la culpa a la vida. O a la crisis. O al cambio climático. Lo que sea, que tenga otras manos.

 

Soy una de ésas personas que no persiguen sus sueños. Vaya. Qué dolor he tenido en algún sitio. 

 

Llega un día el otoño, cuando ya ni siquiera nos acordábamos de qué era eso. Es una estación. Y llueve. Precisamente eso, la lluvia, le va quitando ésa fina capa de polvo que queda en las hojas de los árboles. Nos ducha. Y así, desempolvados, podemos intentar mirar con otros ojos las mismas cosas.

 

Estaba yo pensando. No sé cómo piensa la gente, pero seguro que yo pienso muy raro. Se me ocurre una cosa, me imagino que soy estrella de rock, después se me ocurre otra que me pone triste, me vuelvo a imaginar que soy estrella de rock y así infinitamente. Después me doy cuenta de que ha pasado mucho tiempo y pienso que han cambiado la hora y que si hoy fuera anteayer, sería la una y no las doce, lo cual, me hace sonreir porque de una forma muy tonta le he ganado al tiempo. Así de fácil. Y se me ocurre pensar que lo que menos quiero es volver hacia atrás, aunque sólo sea una hora y voy y me enfurezco, me ciego, pego un grito y vuelvo a fumar sabiendo que cualquier día de estos me dará la tos.

 

Aún así, con más o menos teatro, sigue siendo lunes. Los lunes son especiales, aunque haya mucha gente que los odia. Los odiarán claro porque no saben apreciar lo que un lunes significa. Y es que podemos mirarlos de dos formas. Como un día en que se acaba algo o como el día en el que empieza todo. Por lo general me quedo con la idea del empezario, que no empresario. Porque todo es empezar. O eso dicen. Y para empezar con algo, hay que terminar con todo.

 

Qué bonito y qué fácil suena. Como el chiste del tartamudo, para mí puede ser fácil decirlo. Eso es lo que imagino que está pensando mi risueño lector. Difícil debe ser cambiar algo que no dependa de nosotros. Pero sí depende nuestra energía. O también se la podemos achacar al tiempo y decir aquello de "estoy como el día". Y estar uno con lluvia por dentro, si quiere. Pero no. No creo que el clima influya. Por eso lo fácil es cambiar lo que sí depende de nosotros. Y tomar algunas decisiones. No todo el monte es orégano, si queréis que escriba más refranes.

 

Y sí, sigue siendo lunes. Y en mi mano está tanto como en las vuestras, verlo como un día más de otoño, en el que no nos apetece madrugar. Que el café sigue siendo el mismo, sigue estando caliente, puede llover o no, pasará algún coche cerca de un charco que salpique. Hoy. Los trenes saldrán a la misma hora de siempre y es que el mundo es así de cruel. Que por mucha revolución que tengamos nosotros dentro, sigue todo caminando sin ningún tipo de solidaridad. Por eso a veces la naturaleza es inhumana, o la demás gente o el tiempo, aunque lo atrasen. Ahí está la realidad, objetiva y pura y a veces hostil. Ya la conocemos, vivimos, convivimos. Podemos verla como es o como quiera que nosotros veamos.

 

Así que un lunes empieza todo. Para mí.

La niebla lo aclara todo. Para mí.

Y la lluvia. Para mí.

 

Pongáis como os pongáis.

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