Justo ahí

Publicado en por Madame Desamor

Estoy en ése momento de la vida. Y es algo complicado.

 

Después de una crisis temprana, una mujer que no sabe peinarse, que no combina bien los colores. Podría estar en éste lugar o en otro, parecido o completamente distinto. Algo como anodino, plano, con pocos tonos de verde, espeso, áspero, blando.

 

Conforme con aquello de estar en total posesión de mis facultades mentales. Creo. Con todo mi uso de razón, con la razón usada, usando la razón, un huso, una razón, razonando el uso, usar razonadamente algo. Que ya no sé qué. Eso quiere decir que uno sabe lo que piensa. Menuda definición soberbia. Que sé lo que pienso.

 

A estas alturas puedo confesar, que mis deseos de cuando era niña están anotados en una libreta que no sé dónde está. Era marrón y negra y a saber dónde cayó. Otros propósitos, que puede que sean del año 2006, están metidos en una cajita que confundí con un recipiente de comida para perros. En algún momento dejé de fumar. Eso es por culpa de hacer tantas mudanzas. Además soy de esas que se vanaglorian -con todo lo que esa palabra conlleva- de haberse mudado muchas veces. De haber perdido. El código postal.

 

Estoy en ése momento de la vida, a pesar de ser un poco complicado.

 

En el que he visto y he sentido y he callado. He oído, he sentido y he callado. Y así una vez detrás de otra. Incluso viendo las Meninas, todo el Prado supo que yo llevaba algo dentro. Que se me había roto una especie de bolsita que cubre los pulmones. Que se había escapado. Todo el museo sabía que había sentido. Que había sentido, no qué había sentido. Una tilde le da, a todo. El caso es que hay cosas que han estado ahí y se han visto obligadas. A callar. 

 

Por vergüenza, timidez, inmadurez, inseguridad, estupidez. Por faltarme las palabras, o el aire, o sobrarme las ganas de salir corriendo. Si me oyeran. De pupilas para fuera. El mundo, lo que siento.

 

Y no quiero parecer absurda. Con los mismos sentimientos de siempre. Que no hablo sólo de amoríos, no va de eso. Cuántas veces no me habré enfadado en silencio, entristecido en silencio, asustado -tantas veces- con tan pocas palabras, con ninguna. Tanto miedo.

 

Buscando una libreta, entre marrón o negra, donde yo puse unos deseos. En algún sitio.

Si algo he querido siempre ha sido ser libre. De ahí que clave siempre mis puñales con palabras, que no tengo más armas. No tengo más balas. Por ponerme violenta, o algo.

 

Estoy en ése momento de mi vida. Aunque pueda resultar complicado.

En el que no pienso estar más callada. Si se me rompe la bolsa pulmonar.

No puedo estar más en silencio, si se me escapan los secretos entre los dientes.

 

Estoy justo ahí.

En ése momento.

 

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